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viernes, 5 de marzo de 2010

HIJO MÍO, HIJO NUESTRO....






“Perdónales porque no saben qué es lo que hacen….”



El Inocente fue quién ante sus verdugos pronunció esta frase de perdón, disculpándoles, disculpándonos. Él fue muerto por mis pecados que lo llevaron a la cruz.


Por eso sé bien de lo que estoy hablando.


Así hijo mío, te pido que los perdones. Perdónales porque no te van a dejar vivir más que unas pocas semanas, las que ellos quieran. Nunca podrás nacer, no podrás crecer y jamás conocerás el amor de tus padres. De hecho tu madre va a ser quien ordenará tu asesinato.


Nunca dejarán que conozcas la vida, a los otros, a los niños, a las nubes a la primavera verde y húmeda o a los perros. No podrás jamás cantar un villancico en la Noche más hermosa, ni te van a permitir que escribas la carta a los Reyes.


No, hijo mío, perdónales pero tienen sobre ti planes homicidas. Hijo, no te quiero engañar, vas a sufrir una muerte afrentosa y cruel y reproducirás en ti, la imagen del Crucificado, Aquel ante quién se vuelve el rostro. Por eso a tu madre (¿?) le pondrán en la clínica abortiva un paño verde que le impedirá ver como te despedazan.


No temas, vuelves al seno de Padre.


Si aquí te no te van a dar una sola oportunidad, tendrás el Cielo todo para ti, para que puedas correr por él, y enredar y gritar y jugar y soñar y reír y cantar… todo lo que aquí jamás te dejarán hacer.


Créeme estarás mejor, mucho mejor. Al lado de Cristo y del Padre Bueno.


Y perdónanos también a nosotros los que no pudimos ni supimos hacerlo mejor, para oponernos a la ley que te centrifugará en compañía de otros miles y miles de seres vivos y humanos. Lo hemos intentado todo, hemos peleado hasta la extenuación y nos encontramos con un muro infranqueable.


Y un silencio pesado, espeso y cómplice de la mayoría de la gente.


Una muralla de odio y rencor que ahoga nuestras iniciativas y estrella toda esperanza. Un tsunami de sangre que no sabemos como parar.


Una sola cosa te prometo. Jamás te olvidaré. Lucharemos por ti, cada segundo, cada día, cada mes y cada año, hasta que logremos abolir la Ley inicua.


Solo sé que te quiero mucho hijo mío desconocido y condenado a la soledad, el silencio y la muerte.


En las manos del Señor te encomendamos. Reza por nosotros. Amén.


DOMINGO, 7 DE MARZO, PLAZA DE LA ESCANDALERA, 12 HORAS. OVIEDO.


JavierFdzLagar

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