

Por todos los rincones de la patria vasca y catalana se oye la llamada del almuecín cinco veces al día llamando a la, AZAHLAH, es decir a la oración a los fieles islámicos.
Los viernes, el día santo para el Corán, el gran Mufti de la mayor de las tres mezquitas vascas, la de Bilbao o Bilbo, y de Barcelona congrega a más de un millar de fieles alrededor de las bellísimas aljamas de mármoles blancos y espléndidos azulejos verdes, que dominan altivas los otrora reinos cristianos.
Como es sabido, Euskadi por fin, pudo hacerse independiente de España, gracias a un referéndum ganado ampliamente por los partidos independentistas y que fue alentado por el gobierno español de la época, al igual que sucedió en Cataluña, que ahora es la también República Islámica, junto con su hermana vasca.
Al poco de su independencia, ambas naciones fueron declaradas islámicas por sus respectivos gobiernos pues la mayoría de sus habitantes habían venido hacía ya tres generaciones de países árabes. Todo se sucedió con rapidez. Las Iglesias vasca y catalana no pudieron hacer frente al empuje del Islam ya que sus templos estaban prácticamente vacíos y hacía ya muchos años que el último seminarista había sido ordenado sacerdote. Los más jóvenes de los prestes contaban más de 60 años y los fieles cristianos se habían refugiado en lo que había quedado de España.
Fuertes disensiones dentro de las Iglesias locales habían llevado a la dimisión de sus respectivos pastores, y las sedes episcopales se hallaban vacantes desde hacía mas de un lustro. Nadie había querido ocuparlas y el Vaticano no encontraba quien quisiera asumir este cargo. Por lo tanto para el Islam todo fue fácil. El camino estaba previamente trillado y la proclamación a los tres años de su independencia de España como estados islámicos se produjo sin violencia de ningún género y con la aceptación mayoritaria de los respectivos pueblos.
La bandera cuatribarrada catalana y la ikurriña vasca lucen desde entonces la media luna y el sable de todos los países musulmanes bajo la leyenda de Alá es Grande. Y así de este modo, cuando uno pasea por las calles de las principales ciudades de estos países, ya no se extraña al ver a sus mujeres con el tradicional chador y sus amplios y negros vestidos. Todos los centros de moda fueron cerrados, así como las principales emisoras de Radio y Televisión, pues solo funcionan los canales que emiten desde El Cairo y Riad, respectivamente en lengua catalana y vasca, pero sobretodo en árabe ya que es el idioma mayoritario de la población.
La práctica de cualquier religión distinta al Islam está prohibida y fuertemente perseguida. La Iglesia católica después del periodo de crisis antes descrito, fue perseguida y borrada de la faz de estas naciones. Fuentes gubernamentales afirman que no se la echa para nada en falta.

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